lunes, 4 de mayo de 2009

EL CUARTO VASO


Mientras Nomma jarreaba el té de un vaso a otro, Mohamed recitaba en hassanía versos que a duras penas podía traducirme Homad.
Los versos hacían alusión al momento del ritual del té.
Un primero, áspero como la propia vida , del sufrir diario, de cuánta amargura se acumula en el corazón y que hay que descargar en la última oración del día. Amargo y duro como el hielo que fragmenta la roca
Del segundo, dulzón, como la dedicación que le profesaba el profeta a su esposa e hijos. Dulce como el beso de un niño.
Un tercero, que debe ser suave como la muerte que viene a liberarte de los sufrimientos terrenales, suave como el paso de cruzar la línea que te lleva a la mejor vida. Suave como el galopar a lomos de un camello adulto.


En esto que Nomna se disponía a lavar los utensilios empleados en su elaboración, cuando Mohamed le pidió que hiciese un cuarto vaso.
"Bilbo en algunas ocasiones se puede pedir un cuarto vaso, es muy normal hacerlo en el último té del día y sobretodo si hay ancianos. Se llama el té de los abuelos y se toma en honor de las personas mayores muertas."
Un cuarto vaso, que sin lugar a dudas está cargado de tanta tradición como los tres primeros.

2 comentarios:

Antònia P. dijo...

Conxi de Poemario explica en su libro Delicias saharauis, disponible en BUBOK que el cuarto té se llama "el de la amistad" y que antes, solíen ser 4 rondas que la sedentarización y las obligaciones y horarios acabaron reduciendo a 3.
Ahora tu nos explicas otro de sus significados que no tienen porqué excluírse sino que se complementan.
Un abrazo y muchas gracias.

J. Fco. Bravo Real dijo...

Yo en mis viajes a los campamentos, también he tomado el cuarto te en muchas ocasiones y la verdad es que mis amigos saharauis siempre le llamaban "el te de los muertos". Saludos.