martes, 5 de mayo de 2009

LESTIHARAS Y LEGSANNAS


Pasaba el tercer día. A media mañana el calor era ya insoportable y hubimos de trasladarnos a un cuarto que estaba más protegido ¿? y en realidad era más fresco. Aun no entiendo el porqué si el sol cae inmisericorde derritiendo las chapas de los tejados.
El cambio de cuarto nos deparó una sorpresa cuando a la tarde volvemos a cambiarnos. Un sobre que contenía una documentación y una segunda carta que había dejado sobre una mesita, habían desaparecido. En un principio no le dimos mayor importancia. Cambiamos todo de lugar, miramos todo lo mirable, bajo la alfombra, bajo la esterilla, en los colchones, en la mochila, entre la ropa. ¡Nada!
Os podéis imaginar el revuelo. Intenté convencerles de que no pasaba nada, que teníamos que tranquilizarnos. De nada sirvieron mis argumentos, Decala hecha una furia gritaba en hassanía “está muy enfadada, en su casa nunca ha faltado nada y quien haya sido se arrepentirá mil veces de haberlo hecho” decía Bucharay casi en mi oído. Nunca había visto a Decala tan enfadada, bueno, era la primera vez que la veía así y a fuerza de ser sincero imponía a chicos y grandes.
Llamó a Bucharay y salieron de la casa. Nadie sabía donde iban. Pasó un buen rato y cuando volvíamos de dar de comer a las cabras Bucharay nos comentó que habían ido a visitar a una “lestihara” y a una “legsanna” –mujeres a las que Alah ha concedido facultades extraordinarias que se conocen como “baraka”, que en una de sus acepciones podemos traducir como “ bendiciones” ¿¿??- y que tanto el rito del Corán sobre un montoncito de arena hecho por la primera, como la lectura de unas conchas hecha por la segunda coincidían en que el autor se iba a arrepentir y devolvería lo tomado sin permiso.
Decala sacó una bolsita de arena que le había dado la “lestihara” que había sido tomada de una duna con viento de poniente ¿? y al esparcirla por el cuarto sentí cierto respeto. ¡Vaya!, que pensar que tenía que dormir allí me imponía, por no decir otra cosa más fuerte.

Ha pasado un mes y hoy me han llamado para decirme que tienen las cartas, que limpiando bajo la alfombra han aparecido. Que no han sido abiertas y que junto a ellas había un papel escrito pidiendo mi perdón.
A quién fuere, tiene mi perdón mil veces y pido a Alah, si a bien lo tiene, conceda también el suyo.

En ninguno de mis viajes, y son muchos, me había sucedido nada parecido. Sigo confiando en mi familia y en el peor de los casos en la “baraka”. Ufffff

2 comentarios:

Antònia P. dijo...

Bilbo, no sabía que estas mujeres con la BARAKA se llamaban así, pero sí sabía de las que leen en las conchas.
Quizás alguien se ría y piense que ha sido casualidad y que todo son supersticiones pero... hay personas con una intuición tan aguda que es como un sentido más. Eso lo sé tan cierto como que ahora estoy escribiendo es el ordenador. Tienen un don. Además seguro que tu esperabas encontrarlas y cuando algo se desea con todas las fuerzas se acaba consiguiendo.
Un abrazo.

bilbo dijo...

Antònia para estas cosas soy muy respetuoso. Puede que haya sido casualidad. Personalmente conozco a un santón con el que solo me atrevo a hablar de futbol y puedes creerme que cuando estoy con el siento que rebusca en mi mente.
Me alegro por mi familia que si que estaba preocupada. ¡¡ya tengo la primera fiesta en el próximo viaje!!

Abrazos