lunes, 21 de abril de 2008

AMARGO, DULCE Y SUAVE




De mi fértil experiencia en el desierto , resultado de mi convivencia con el heroico pueblo saharaui, el episodio que más ha logrado captar mi admiración ha sido el ritual del té, elaborado por manos expertas de descendientes de estirpes de guerreros y pastores, de los hijos de las nubes; ritual que marca el generoso ritmo de la vida social y en el que la conversación es el eje principal. “El té no es un objetivo especifico en sí mismo. No hay reunión o velada que tenga lugar si servir el té. En muchas ocasiones no deja de ser la excusa perfecta para juntarnos en torno a la frenna y hablar de temas presentes, de cuál será el futuro que Ala nos depare y en la mayoría de los casos , de tiempo de historias, de guerras, de exilios, de sufrimientos…… cualquier tema es tocado con la pasión necesaria para no desembocar en una discusión”
En el primer viaje no podía salir de mi asombro, cómo en torno al té se desenvolvía la vida cotidiana de mis anfitriones Sabuti y Lala, todo se hablaba con un vaso de te en la mano, se tomaban decisiones de futuro, de la misma forma que se hablaba de tal o cual pariente , de la boda de Agalia, del nacimiento del primer nieto de Sidihna, o de Fatma la sobrina de Khadijatou que acababa de terminar sus estudios en Libia. Con el tiempo fui comprendiendo el sentido de los tres vasos; un primero amargo, un segundo dulce y el tercero suave de un sabor intermedio entre los dos anteriores
El té, es hospitalidad, cualquier puerta puede abrirse para desde su interior invitarte a compartir unas horas saboreando la fragancia de la hierba a la vez que el amargor del primer vaso te señala el propio amargor de la vida en sí, el sufrimiento cotidiano, el desconcierto que te supone no saber que sucederá mañana. Con el té se va forjando la amistad, paciente, sin prisas, ha de hacerse pausado, jarreando vaso tras vaso, haciendo que la espuma llegue al borde superior. Cuando la conversación es amena, atemporal, se detiene el ritmo del jarreo, para posteriormente iniciar de nuevo el escancio y con el segundo ya cocido apostar por el dulzor del liquido con cierto olor a azucar tostada que diligentemente nuestro-a anfitrión-a ha dejado caer en la frenna, un sabor tan dulce como el propio amor que profesa el joven Jalil a Mahmouda o el amor desinteresado de Decala a toda su familia.
El tiempo se dilata y se tienen que incorporar unos trozos más de carbón al fuego, de nuevo la tetera al calor, y mientras tanto se vuelve al jarreo de vaso a vaso, cogiendo una altura cada vez mayor y derramando el liquido con una extraordinaria precisión para no verter ni una sola gota sobre la bandeja. La suavidad de este tercero se acentúa aún mas cuando sin terminarlo, se procede al lavado de los útiles que han intervenido en su elaboración, dejarlos prestos para un nuevo té, metaforizando con ello, el ocaso de una vida para el nacimiento de otra. Un tercero tan suave como la agonía de quien se siente transportar al paraíso de su Profeta.
El té lo es todo par aun saharaui. El lugar no importa pero el té es como la esencia de la propia vida. Se podrá tomar en lo alto de la duna, a los pies de ella, en el frig o en la madraza, a la luz de la luna en el patio de la casa o vigilantes en el muro con el fusil sobre las rodillas. La situación puede ser dispar, pero la esencia siempre será la misma.
No puedo olvidar el gran respeto con que te lo ofrecen, con la pasión que te invitan y la sensación de amistad que reina una vez finalizado. Por ello a pesar de la distancia no puedes olvidar porque te traes la fragancia y la amistad de quien te lo ofrece.

2 comentarios:

Antònia P. dijo...

Buenos días Bilbo. Cómo me alegra que te hayas decidido a bloguear, vaya palabro.
Nada, sólo decirte: BIENVENIDO A LA BLOGOSFERA SAHARAUI. Te enlazo ahora mismo.
Un abrazo solidario.

bilbo dijo...

Muchas gracias amiga.
un saludo