viernes, 17 de abril de 2009

... Y PENSÉ EN DIOS


Abdala hacía el te de media tarde cuando el ligero viento de toda la mañana empezó a arreciar. Los niños que estaban jugando en el patio entraron corriendo pues en un momento la arena tornaba el ambiente irrespirable y cualquier movimiento había de hacerse con los ojos cerrados. Mojtar y Sluch se acurrucaron entre mis piernas, mas que asustados demandaban mi protección. Abdala cubrió la tabla del té y apagó con arena la frenna y así evitar que el viento pudiera provocar algún incendio con el carbón. Homad se apoyó en mi hombro trasmitiéndome serenidad. Dlemia cerraba todas las ventanas y la puerta a cal y canto. El calor era asfixiante
Solo el azote de la arena sobre el cuarto rompía el silencio. A penas unos minutos, que se hicieron eternos y la voz de Salamu nos anunciaba que la tormenta de arena había finalizado. Todos lo celebramos y los niños como potrillos desbocados salieron de nuevo a jugar al patio.
Abdala prosiguió con el trabajo del te, atizaba un pequeño rescoldo con un cartón. Dlemia la guardiana-jefe de las chucherías nos obsequiaba con una chocolatina y así arrastrar toda la arena acumulada en la garganta.
Me disponía a lavarme los ojos cuando los niños entraron de nuevo gritando al cuarto. Mojados, estaban mojados y corrí a la puerta. Un aguacero como en pocas ocasiones haya presenciado descargaba sobre los humildes adobes de Techla. A penas tres o cuatro minutos, lo suficiente para haber causado heridas en las paredes.
El cielo se tornó rojo, amenazante y a lo lejos se divisaba una miedosa tormenta eléctrica. Nos trasladamos a la haima por si seguía lloviendo. No lo hizo.
Imaginé en esos momentos las lluvias de estas semanas pasadas, las inundaciones, las riadas y la granizada de febrero. Se me erizó la piel y pensé en Dios “debe existir la justicia divina y a buen seguro que a estos desamparados les está por llegar”

2 comentarios:

Rosa dijo...

No me cabe la menor duda... a través de la justicia divina, vendrá la justicia humana.
Siempre tras la tempestad llega la calma.,y ésta llegará,vaya si llegará.
Un abrazo Bilbo, y sigue contando estas vivencias tan maravillosas,solidarias y ante todo humanas.

Antònia P. dijo...

Bilbo, en el desierto de la Hamada argelina a menudo pensamos en Dios aunque no seamos demasiado creyentes ni practicantes. Y a veces nos enfadamos, me enfado, con Él, por lo que ocurre allí y paso semanas sin hablarle porque no acierto a comprender sus designios o sus renglones torcidos.
O tal vez Dios no tenga nada que ver con todo esto y sólo sea cosa de la codicia,la crueldad y el abandono de los hombres.
¡No sabes cómo te entiendo, amigo!
Un abrazo.